No enfrentarse a la vida y sus problemas se ha convertido en el lema de la sociedad actual, soportamos así abusos físicos, morales, políticos y de cualquier otra índole, nos consuela pensar que el problema no es nuestro es de los demás y son ellos quienes están comprometidos a buscarles solución, por nuestra parte, si rendirse se vislumbra en el panorama nos conformamos con aferrarnos a esa opción.
Sir Winston Churchill es un líder mundial que merece ser recordado por su ímpetu y firmeza ante la dificultad. En su cargo como Primer Ministro de Inglaterra lideró al Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Su firme voluntad que se negaba a aceptar la derrota, la rendición o un acuerdo de paz, fue la inspiración del ejército inglés, particularmente en los difíciles primeros años de la guerra, en los que el Reino Unido enfrentó solo sin ningún otro aliado al implacable ejército Alemán liderado por Adolfo Hitler.
La superioridad Alemana con sus bombas y ataques masivos aplastaba al ejército inglés y carcomía la esperanza del pueblo. Pero aún en los momentos más difíciles de la guerra Churchill hablaba a diario por la radio, transmitiendo a su país y milicia un discurso que logró calar en lo más profundo de su ser, su lema fue:
"Nunca, nunca, nunca te rindas ... nunca"
Estas palabras detonaron el coraje y la voluntad de Inglaterra en medio de un desastre que se vivía a diario. Un discurso simple que resonaba cada día combatiendo la derrota moral de toda una nación. Durante un período trágico en la historia de la humanidad, estas palabras fueron la artillería pesada de un ejército y una nación desgastada por el embate de la guerra y que tuvo el impacto de llevarles a la victoria junto a los Aliados contra las Potencias del eje (Alemania, Italia y Japón) poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial.

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Rigo Sevilla.